Manège, St. Petersburg, août 1997 
 

 
Me gustaría explicar como se desarrolla mi aprendizaje de la pintura: 
Al llegar desde Rusia a Jerusalén, con el legado de Théophane el Griego presente en mi memoria, conocí a Hédi Tarjàn que compartió conmigo su conocimiento del maestro griego de Cimabue. Gracias a estas dos fuentes, hemos construido nuestro camino. 
De Théophane el Griego y Andrei Roublov aprendí como construir una «tensión en un cuadro», permitiendo el nacimiento de los colores. Esta tradición no era la de los Padres de la iglesia y de la iconografía oficial. Para Los Padres de la iglesia el color es un símbolo (por ejemplo: el azul de los vestidos de la Madonna) Gracias a mis frecuentes visitas al Museo Ruso de San-Petersburgo, Théophane y Roublov me habían enseñado a resaltar los colores utilizando la relación entre ellos. Estos grandes pintores de talento habían descubierto un nuevo mundo y han elevado el trabajo de los iconos del artesanado al arte. Un arte en el cual no había necesidad de significar estas fronteras y materias por los objetos simbólicos (por ejemplo: el oro y el azul).
Mientras mis amigos pintores emigraban directamente de Rusia a París, yo temía la confrontación con la escuela de París. La contemplación de las obras de Matisse y del joven Picasso expuestas en el museo del Hermitage reforzaba mi conocimiento sobre esta «tensión de la superficie» que había aprendido de Théophane y Roublov. 
Por miedo a parecérseles decidí ir a Israel en febrero de 1980. Durante dos años pinté guaraches sobre papel de banco, sin dinero ni taller, mientras trabajaba de guardián nocturno con el fin de subsistir. 
Anatoly Basin