Casa de los Artistas de Jerusalén
february
2001
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Siempre he tenido
dificultad para escribir y para hablar. Lo cual me ha empujado a ser músico
y a intentar contar mediante collages –hasta el momento que conocí a Anatoly
Basin – mis historias de amor y amistad,
así como mis preocupaciones filosóficas y religiosas.
Durante años, hemos ido
a pintar cada semana a Mousrara, calle Ain Het, bajo la ayuda de sus consejos.
De esta forma, con pintores procedentes de horizontes diferentes, se ha
constituido este grupo hierosolymitain.
Poco a poco, mis collages,
se han transformado en pinturas. La técnica «a la prima» se adapta perfectamente
a la rapidez de mi carácter y a esta búsqueda del sonido musical (el tono)
en los colores y el dibujo.
Escuchaba las explicaciones
de Anatoly con la ayuda de un oído de músico y una comprensión intuitiva
pudimos progresar en nuestra comunicación por medio de una lengua formada
a partir del hebreo.
Habíamos construido un diccionario
de expresiones como por ejemplo «meourav ieroushalmi» (un plato típico
de Jerusalén que consiste en varios tipos de carnes a la parrilla) con
el fin de explicar nuestra manera de mezclar los colores o de distorsionar
el cuadro; pero también para designar nuestras diversas procedencias y
nuestras diferentes lenguas.
De esta forma, la diversidad,
la mezcla y la aparente dificultad de comunicación ha permitido crear aquí,
en Jerusalén, una «escuela pictórica» a partir de corrientes aparentemente
contrarias.
Todo esto, a mi parecer,
estaba ya prefigurado por medio de mis estudios de música occidentales
y orientales, las lecturas y las amistades con numerosos pintores y músicos.
Los caminos recorridos por
los pintores de Musrara arrastra todo esto hacia el acto instantáneo de
pintar un centro que se sustrae sin cesar.
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