Casa
de los Artistas de Jerusalén, fevrier 2001
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Para pintar, tengo que encontrar
algo que lo denominaría como una «aparición», interior (recuerdo o visión)
o exterior (paisaje, rostro…), que pueda sentirla en mi cuerpo.
Sólo este sentimiento intenso
desencadena el estado en el que puedo pintar. Cuando el acto de pintar
se produce realmente, esta forma impersonal quiere decir: aunque sea yo
el que pinta, el acto se opera fuera de la trayectoria de la consciencia.
La pintura se realiza – o
puede realizarse- si consigo mantener juntos el estado caótico de los sentimientos
con la pintura fangosa que cambia sobre el lienzo dependiendo de la intensidad
y agudeza de la concentración hasta el momento en el que el cuadro se realiza.
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